Bergson
Escribió que la esencia de las cosas no aparece nunca al comienzo, sino hacia la mitad en la corriente de su desarrollo cuando sus fuerzas se han consolidado.
Ésto, a parte de ser una crítica más a la lógica aristotélica, nos permite rechazar los fenómenos que se imponen dos veces al año, en enero y septiembre, como la política, Dios, y las colecciones de fascículos.