imbecilear
La religión, como todo, hasta la adolescencia te da bastantes cosas, luego empieza a quitártelas, y ahí descubres que nada en el tiempo es agradecido en principio. La lógica y la fisicidad humana tienden a la expansión… por eso cualquier “sistema o estado” de “estabilidad o comodidad” se acaba quedando pequeño (cualquiera que haya jugado al Risk con un mínimo de estrategia lo habrá comprobado). Hay un hombre, postestructuralista, francés, inteligente, maricón probablemente (no tengo el dato), que utilizaba el apaleado concepto de “devenir” no para explicar el paso del tiempo, o aún más pobremente: el futuro, decía que el devenir era algo invisible entre dos estados (en política, evidentemente, la guerra) siempre y cuando un estado se “convierta” en el otro (IMPORTANTE: esta transformación no siempre es irreversible). Digo “estado” pero quiero decir “ser”, de la lógica del ser. Pues a este hombre le parecía precioso por sorprendente que las cosas deviniesen otras, y la terminología que propuso es… (es que no sé por qué no la usamos):
Un hombre que deviene mujer “mujerea”
Un niño que deviene adulto “adultea”
Así todo.
Lo importante, es que por tus características primeras no tienes nada que ver con lo devenido. Y si alguien se para a pensarlo, verá que no hay un estado/parada intermedio, o se es una cosa o se es otra, y el devenir hace referencia al proceso. También le chalaba la cabeza la idea de territorializar y reterritorializar, o dicho en otras palabras: lo propio, y el regreso a lo propio en campo ajeno. Usaba el ejemplo de ir silbando una canción (que evidentemente conoces) cuando estás incómodo, o vas por la calle con miedo. Espero que quede claro que era un genio en explicar las explosiones de la personalidad y por ello merece admiración y, si no estuviera muerto, mucho sexo. Pero lo que quiero decir es que lo que hay entre disfraz y simulacro está muy poco investigado por mi parte y por la vuestra, que nunca se ha entendido del todo lo que este hombre quería decir y lo usual es quedarse con que aceptaba todo tipo de transformación física y bares de ambiente, y que aunque cuando veo un travesti se me cae el alma a los pies, y que los actores me repugnan, me sigue gustando devenir imbécil.