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Apr 3, 2009
@ 12:38 am
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Vivo en un tercero. Sólo le di importancia una vez y hace 9 años. Minutos antes de hacer el interraíl, estaba en la ducha pensando en la movilidad geográfica, en los trenes y el progreso y, sobre todo, en mi. Estaba nervioso porque mi cuerpo iba a recorrer más kilómetros seguidos que nunca, así que gracias a mi preocupación por las novedades en imagen sintética, sobre todo tridimensional, conseguí imaginar aproximada y mentalmente mi futuro físico inmediato: De la ducha a la calle, al tren, a la primera ciudad, a la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y volví. Lo más curioso es que no me costaba imaginarme cómo me desplazaba por los países, sino por las escaleras de mi casa, y me dan ganas de abofetearme al recordar que salí de España por primera vez pensando en lo inconveniente de vivir en un tercero para quien me quisiera a hacer una casa-museo.


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Apr 2, 2009
@ 12:42 am
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Mi madre

cierra la puerta con llave cuando mi padre está de viaje. Le digo que si alguien quiere entrar en casa, entrará, y que lo del cerrojo sólo nos da un poco más de tiempo. Nuestro plan de escape consiste en salir por la terraza hasta el primer piso y de ahí al patio interior, el resto no me ha quedado muy claro. Cuando mi padre está de viaje me tumbo en el sofá un rato con ella y la dejo hablar. Hoy la he obligado a decirme por qué está orgullosa de mí y de sus respuestas he deducido que es prácticamente por un acto de fe. O de confianza en unas vagas potencialidades, cuanto menos.


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Mar 28, 2009
@ 3:29 pm
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Bergson

Escribió que la esencia de las cosas no aparece nunca al comienzo, sino hacia la mitad en la corriente de su desarrollo cuando sus fuerzas se han consolidado.

Ésto, a parte de ser una crítica más a la lógica aristotélica, nos permite rechazar los fenómenos que se imponen dos veces al año, en enero y septiembre, como la política, Dios, y las colecciones de fascículos.


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Mar 6, 2009
@ 1:57 am
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imbecilear

La religión, como todo, hasta la adolescencia te da bastantes cosas, luego empieza a quitártelas, y ahí descubres que nada en el tiempo es agradecido en principio. La lógica y la fisicidad humana tienden a la expansión… por eso cualquier “sistema o estado” de “estabilidad o comodidad” se acaba quedando pequeño (cualquiera que haya jugado al Risk con un mínimo de estrategia lo habrá comprobado). Hay un hombre, postestructuralista, francés, inteligente, maricón probablemente (no tengo el dato), que utilizaba el apaleado concepto de “devenir” no para explicar el paso del tiempo, o aún más pobremente: el futuro, decía que el devenir era algo invisible entre dos estados (en política, evidentemente, la guerra) siempre y cuando un estado se “convierta” en el otro (IMPORTANTE: esta transformación no siempre es irreversible). Digo “estado” pero quiero decir “ser”, de la lógica del ser. Pues a este hombre le parecía precioso por sorprendente que las cosas deviniesen otras, y la terminología que propuso es… (es que no sé por qué no la usamos):

Un hombre que deviene mujer “mujerea”

Un niño que deviene adulto “adultea”

Así todo.

Lo importante, es que por tus características primeras no tienes nada que ver con lo devenido. Y si alguien se para a pensarlo, verá que no hay un estado/parada intermedio, o se es una cosa o se es otra, y el devenir hace referencia al proceso. También le chalaba la cabeza la idea de territorializar y reterritorializar, o dicho en otras palabras: lo propio, y el regreso a lo propio en campo ajeno. Usaba el ejemplo de ir silbando una canción (que evidentemente conoces) cuando estás incómodo, o vas por la calle con miedo. Espero que quede claro que era  un genio en explicar las explosiones de la personalidad y por ello merece admiración y, si no estuviera muerto, mucho sexo. Pero lo que quiero decir es que lo que hay entre disfraz y simulacro está muy poco investigado por mi parte y por la vuestra, que nunca se ha entendido del todo lo que este hombre quería decir y lo usual es quedarse con que aceptaba todo tipo de transformación física y bares de ambiente, y que aunque cuando veo un travesti se me cae el alma a los pies, y que los actores me repugnan, me sigue gustando devenir imbécil.